Esperábamos un pequeño zoo casi familiar pero ya en la taquilla nos dimos cuenta que le daban la categoría de parque natural, vamos como el mismísimo zoo de San Diego.
Y ya un no parar, vas andando por el parque y te salen a cada paso animales en semi libertad que el personal del parque te va ofreciendo para la foto, y nosotros como padres responsables que somos, animando a nuestros hijos a coger al bicho de turno algunos de los cuales arañaban, tiraban del pelo o intentaban morder como animales fieros que son.
Quique disfrutó como nunca en su hábitat favorita y Julia y yo hicimos de tripas corazón y nos animamos tocando algún que otro ejemplar.
Lémures, okapis, falsa coral, llamas, mofetas, conejos, cobayas, pájaros varios, cabras, monos, avestruces ...
Cualquier lugar les parecía bien para esconderse y Quique los acorralaba y daba caza repartiendo entre los presentes alegremente. He de reconocer que daba cierta penita ver a los animales huyendo de los joíos niños.
Después de comer y dar una vueltecita por el pueblo en el coche subimos hasta el castillo. La carretera que lleva hasta allí es preciosa, con paredes verticales impresionantes colmadas de coloridos escaladores.
Ya de vuelta a casa paramos en la carretera junto a un riachuelo y vimos el inicio de una ruta: desde la venta Jarandilla se sube por calzada romana hasta el castillo recorriendo la Dehesa Boyal con unas tumbas antropomórficas, la fuente vieja y el Embalse de Guadarranque. Distancia total ida y vuelta 11,5 kilómetros, ideal para hacer con niños, tipo total 3 horas y media más las paradas y visita al castillo. Propuesta para otra escapada Kuare.
De vuelta a casa con la firme idea de haber acertado en la elección del destino.
Espero que os hayan gustado y hasta la próxima.